Una persona mayor que, de repente, empieza a estar desorientada, confusa o a comportarse de una manera completamente diferente a la habitual puede estar sufriendo un delirium. Aunque a primera vista pueda parecer que se trata de demencia, ambas situaciones son diferentes y es importante saber distinguirlas.
El delirium, también conocido como estado confusional agudo, aparece de forma repentina y puede desarrollarse en cuestión de horas o días. Además, sus síntomas suelen fluctuar: la persona puede estar relativamente orientada en un momento y muy confundida unas horas después.
La demencia, en cambio, suele desarrollarse de manera progresiva y durante un periodo mucho más largo. Los problemas de memoria, orientación, lenguaje o capacidad para realizar determinadas actividades van apareciendo poco a poco.
La diferencia es especialmente importante porque el delirium puede estar provocado por un problema médico que necesita ser identificado y tratado. Además, una persona con demencia también puede desarrollar delirium, por lo que ambas condiciones pueden coexistir.
¿Qué es el delirium?
El delirium es un síndrome de aparición aguda que afecta principalmente a la atención, la conciencia y las funciones cognitivas. También puede provocar cambios en la percepción, el comportamiento, el estado de ánimo y el nivel de actividad.
Una de sus características más importantes es que aparece rápidamente. Según las recomendaciones clínicas, los cambios que sugieren delirium pueden desarrollarse en cuestión de horas o días.
Por ejemplo, una persona que normalmente conversa con facilidad y reconoce a sus familiares puede comenzar, de un día para otro, a no saber dónde está, tener dificultades para seguir una conversación o afirmar que está viendo u oyendo cosas que no existen.
Además, los síntomas pueden cambiar considerablemente a lo largo del día. Es posible que por la mañana la persona parezca bastante tranquila y orientada y que, por la tarde o durante la noche, presente una confusión mucho mayor.
Esta fluctuación es una de las pistas que pueden ayudar a diferenciar el delirium de un deterioro cognitivo progresivo.
¿Cómo se manifiesta el delirium?
No todas las personas con delirium presentan los mismos síntomas. De hecho, existen diferentes formas de manifestación.
En el delirium hiperactivo, la persona puede estar inquieta, agitada, irritable o incluso agresiva. Puede intentar levantarse continuamente, negarse a recibir cuidados o presentar alucinaciones.
En el delirium hipoactivo, ocurre prácticamente lo contrario. La persona puede mostrarse muy tranquila, somnolienta, apática o retraída, responder lentamente y participar poco en las conversaciones. Esta forma puede pasar más fácilmente desapercibida porque no genera comportamientos llamativos.
También puede existir un delirium mixto, en el que se alternan periodos de agitación con otros de somnolencia o apatía.
Por este motivo, no debe pensarse que solo existe delirium cuando una persona está nerviosa, agresiva o tiene alucinaciones. Una persona excesivamente somnolienta o menos comunicativa de lo habitual también puede estar desarrollando un estado confusional agudo.
¿Qué puede provocar delirium en un mayor?
El delirium no debe considerarse una consecuencia normal del envejecimiento. Cuando aparece, es importante buscar qué lo ha desencadenado.
En muchos casos, está relacionado con una enfermedad aguda o con diferentes factores que afectan al estado físico de la persona. Entre ellos se encuentran:
- infecciones;
- eshidratación;
- estreñimiento o retención urinaria;
- dolor;
- falta de oxígeno;
- alteraciones metabólicas;
- efectos secundarios o cambios en la medicación;
- cirugía o anestesia;
- enfermedades agudas o empeoramiento de
- enfermedades crónicas;
- inmovilidad;
- falta de sueño;
- desnutrición;
- problemas de visión o audición.
Las personas de 65 años o más, quienes ya presentan deterioro cognitivo o demencia, las personas con enfermedades graves y quienes han sufrido una fractura de cadera tienen un mayor riesgo de desarrollar delirium.
Por eso, cuando un mayor presenta una alteración repentina de su comportamiento o de sus capacidades mentales, no conviene atribuirla automáticamente a la edad o a una supuesta progresión de la demencia.
Delirium y demencia: ¿cómo diferenciarlos?
El delirium y la demencia pueden compartir algunos síntomas, como la desorientación, los problemas de memoria o determinadas alteraciones de la conducta. Sin embargo, existen diferencias importantes.
La primera es la velocidad con la que aparecen los cambios.
El delirium comienza de manera repentina, generalmente en horas o días. La demencia, por el contrario, suele evolucionar lentamente y hacerse evidente a lo largo de meses o años.
La atención es otro elemento fundamental. En el delirium, la persona suele tener muchas dificultades para concentrarse, mantener una conversación o seguir instrucciones. Puede distraerse fácilmente o perder el hilo de lo que se está hablando.
En las primeras fases de una demencia, en cambio, la atención puede estar relativamente conservada, aunque existan problemas de memoria u otras capacidades cognitivas.
También es importante observar si los síntomas fluctúan durante el día. Las fluctuaciones marcadas son características del delirium. En la demencia, el deterioro suele ser más estable y progresivo, aunque algunas formas de demencia también pueden presentar fluctuaciones cognitivas.
Delirium y demencia: ¿cómo diferenciarlos?
El delirium y la demencia pueden compartir algunos síntomas, como la desorientación, los problemas de memoria o determinadas alteraciones de la conducta. Sin embargo, existen diferencias importantes.
La primera es la velocidad con la que aparecen los cambios.
El delirium comienza de manera repentina, generalmente en horas o días. La demencia, por el contrario, suele evolucionar lentamente y hacerse evidente a lo largo de meses o años.
La atención es otro elemento fundamental. En el delirium, la persona suele tener muchas dificultades para concentrarse, mantener una conversación o seguir instrucciones. Puede distraerse fácilmente o perder el hilo de lo que se está hablando.
En las primeras fases de una demencia, en cambio, la atención puede estar relativamente conservada, aunque existan problemas de memoria u otras capacidades cognitivas.
También es importante observar si los síntomas fluctúan durante el día. Las fluctuaciones marcadas son características del delirium. En la demencia, el deterioro suele ser más estable y progresivo, aunque algunas formas de demencia también pueden presentar fluctuaciones cognitivas.
Delirium y demencia: principales diferencias
| Característica | Delirium | Demencia |
|---|---|---|
| Inicio | Súbito: horas o días | Gradual: meses o años |
| Evolución | Fluctuante, con cambios a lo largo del día | Generalmente progresiva |
| Atención | Frecuentemente muy afectada | Relativamente preservada al principio |
| Conciencia | Puede estar alterada | Generalmente preservada inicialmente |
| Orientación | Puede deteriorarse rápidamente | Se deteriora habitualmente de forma progresiva |
| Alucinaciones | Pueden aparecer, especialmente en el delirium hiperactivo | Pueden aparecer en algunas formas de demencia |
| Causa | Suele estar relacionada con una enfermedad aguda, medicamentos u otros factores físicos | Frecuentemente relacionada con enfermedades neurodegenerativas o vasculares |
| Reversibilidad | A menudo mejora cuando se identifica y trata la causa | Generalmente no es reversible, aunque algunas causas de deterioro cognitivo sí pueden tratarse |
| Atención médica | Requiere identificar rápidamente la causa desencadenante | Requiere una evaluación diagnóstica y seguimiento |
La tabla sirve como orientación general, pero no permite establecer por sí sola un diagnóstico. Las guías clínicas señalan que las herramientas cognitivas estandarizadas no deben utilizarse de manera aislada para diferenciar delirium de demencia o de delirium sobreañadido a una demencia.
¿Puede un mayor tener delirium y demencia al mismo tiempo?
Sí. De hecho, esta situación es relativamente frecuente y puede dificultar mucho el diagnóstico.
Una persona con demencia ya puede presentar problemas de memoria, orientación o comunicación. Si desarrolla una infección, se deshidrata, pasa por una intervención quirúrgica o experimenta un cambio importante en su medicación, puede aparecer además un delirium.
Por ejemplo, un mayor con enfermedad de Alzheimer puede olvidar habitualmente determinadas fechas o necesitar ayuda para algunas actividades. Sin embargo, si de repente deja de reconocer a sus familiares, no sabe dónde se encuentra, está mucho más somnoliento o comienza a tener alucinaciones, estos cambios no deberían atribuirse automáticamente a la evolución de la demencia.
Pueden indicar un delirium sobreañadido a la demencia.
Cuando existe dificultad para saber si una persona presenta delirium, demencia o ambas condiciones, las recomendaciones del NICE indican que debe darse prioridad a la evaluación y el tratamiento del delirium.
¿Qué hacer si aparece una confusión repentina?
Una confusión que aparece de manera repentina en un mayor merece una valoración médica.
Para los profesionales sanitarios, resulta especialmente útil conocer cómo era el funcionamiento habitual de la persona antes de que aparecieran los cambios. Los familiares y cuidadores pueden aportar información fundamental.
Es conveniente explicar:
- cuándo comenzaron los síntomas;
- si aparecieron de repente;
- si la confusión cambia a lo largo del día;
- si existe somnolencia o agitación fuera de lo habitual;
- si han aparecido alucinaciones;
- si la persona ha dejado de realizar actividades que normalmente podía hacer;
- si ha habido cambios recientes en la medicación;
- si presenta fiebre, dolor, dificultad para respirar u otros síntomas;
- si ha disminuido la ingesta de líquidos o alimentos;
- si existen cambios en la orina o en el tránsito intestinal.
En los centros hospitalarios, las recomendaciones actuales del NICE indican utilizar herramientas específicas de evaluación del delirium, como el 4AT, para las personas en las que se identifican signos compatibles con este síndrome. La valoración debe ser realizada por profesionales con la formación adecuada.
¿Cómo se trata el delirium?
El tratamiento depende de la causa que lo haya provocado. Por eso, uno de los primeros pasos consiste en identificar y tratar el problema subyacente.
Puede ser necesario tratar una infección, corregir una deshidratación o una alteración metabólica, revisar determinados medicamentos, controlar el dolor o abordar otros problemas físicos.
Además del tratamiento de la causa, el entorno puede desempeñar un papel importante.
Siempre que sea posible, conviene mantener un ambiente tranquilo y familiar. También puede ayudar orientar a la persona explicándole dónde está, qué día es y quiénes son las personas que la acompañan.
Las medidas preventivas recomendadas incluyen mantener una adecuada hidratación y nutrición, favorecer el sueño, facilitar la movilidad, controlar el dolor, tratar las infecciones y garantizar que las personas que necesitan gafas o audífonos puedan utilizarlos correctamente.
La presencia de familiares también puede ayudar a proporcionar seguridad y orientación, especialmente cuando la persona está en un entorno desconocido, como un hospital.
¿Por qué es importante detectar el delirium?
El delirium no es simplemente una confusión pasajera que deba ignorarse. Se trata de una condición clínica que puede estar asociada a complicaciones importantes.
Las personas que desarrollan delirium pueden presentar un mayor riesgo de caídas, permanecer más tiempo hospitalizadas y tener una recuperación funcional más complicada. También se ha observado una asociación con un mayor riesgo de deterioro cognitivo posterior.
Además, el delirium puede ser una señal de que existe un problema médico que necesita atención.
Por este motivo, un cambio repentino en el comportamiento, la atención o el nivel de conciencia de un mayor debe investigarse, especialmente si la persona se encontraba previamente estable.
¿Qué pueden hacer los familiares?
Los familiares y cuidadores tienen un papel especialmente importante porque conocen el comportamiento habitual de la persona.
Si un mayor empieza a comportarse de una manera extraña, resulta útil observar cuándo comenzaron los cambios y si existen momentos del día en los que los síntomas empeoran.
También es importante mantener la calma. Si la persona está desorientada o afirma encontrarse en un lugar diferente, discutir con ella para demostrarle que está equivocada puede aumentar su ansiedad.
Es preferible hablar de forma pausada, utilizar frases sencillas, ofrecer seguridad y recordarle dónde se encuentra.
Cuando sea posible, también conviene mantener objetos familiares cerca, facilitar el uso de gafas o audífonos y procurar que el entorno sea tranquilo y esté bien iluminado.
Delirium no es lo mismo que demencia
La diferencia fundamental entre ambas condiciones está en cómo y cuándo aparecen los cambios.
Si una persona que hasta hace poco se encontraba en su estado habitual empieza, en cuestión de horas o días, a estar confusa, desorientada, somnolienta o agitada, es importante pensar en delirium y buscar una causa médica.
Si, por el contrario, los problemas de memoria y otras capacidades cognitivas han ido apareciendo progresivamente durante meses o años, puede ser más compatible con un proceso de demencia.
Sin embargo, no siempre es sencillo distinguirlos, especialmente cuando una persona ya tiene demencia. En estos casos, un cambio brusco respecto a su comportamiento habitual puede ser una señal de delirium.
Por eso, una confusión repentina en un mayor no debe atribuirse simplemente a la edad o a la demencia.
El delirium puede ser consecuencia de un problema médico potencialmente tratable y su identificación temprana permite buscar la causa, iniciar el tratamiento adecuado y reducir el riesgo de complicaciones.
En resumen
El delirium aparece de forma rápida, suele fluctuar y afecta especialmente a la atención y al estado de conciencia. La demencia suele desarrollarse de manera gradual y provoca un deterioro cognitivo progresivo.
La coexistencia de ambas condiciones es posible y, cuando existe una duda, es importante que los profesionales sanitarios valoren la posibilidad de delirium y busquen sus causas.
La regla más sencilla para familiares y cuidadores es recordar que un cambio repentino no debe considerarse normal. Si un mayor que habitualmente está orientado empieza de repente a estar muy confuso, somnoliento, agitado o a comportarse de forma inusual, necesita una valoración médica.
Este artículo tiene carácter informativo y no sustituye una valoración médica. Una alteración repentina del estado mental, especialmente si aparece junto con fiebre, dificultad para respirar, debilidad, alteraciones del habla, pérdida de conciencia u otros síntomas agudos, requiere valoración médica urgente.
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